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Jaime Mirón

Métodos de Pablo de evangelizar

Me levanté un día pensando en lo que escribió el apóstol Pablo en 1 Corintios 9. La pregunta básica que emerge de 1 Corintios 9 es cómo penetrar las subculturas que se están multiplicando hoy en día. Con la ayuda de los hijos de Luis Palau, llegamos a una conclusión de que la cruzada típica no lo hará. En la cruzada típica predicamos a 95% cristianos. Pero no solamente nosotros, también los demás evangelistas. Era necesario efectuar un cambio.

¿Qué dice la Biblia? ¿Qué dice Pablo?

«A pesar de que soy un hombre libre y sin amo, me he hecho esclavo de todos para llevar a muchos a Cristo. Cuando estaba con los judíos, vivía como un judío para llevar a los judíos a Cristo. Cuando estaba con los que siguen la ley judía, yo también vivía bajo esa ley. A pesar de que no estoy sujeto a la ley, me sujetaba a ella para poder llevar a Cristo a los que están bajo la ley. Cuando estoy con los gentiles, quienes no siguen la ley judía, yo también vivo independiente de esa ley para poder llevarlos a Cristo; pero no ignoro la ley de Dios, obedezco la ley de Cristo.

»Cuando estoy con los que son débiles, me hago débil con ellos, porque deseo llevar a los débiles a Cristo. Sí, con todos trato de encontrar algo que tengamos en común, y hago todo lo posible para salvar a algunos. Hago lo que sea para difundir la Buena Noticia y participar de sus bendiciones (1 Corintios 9:19-23 NTV).

Pablo explica que para llevar a muchos a Cristo (vs. 19) uno tiene que tener metas claras (vs. 22).

«… hago todo lo posible para salvar a algunos» #22. Seis veces en este párrafo Pablo presenta la meta, su deseo de ganar a cuantos sean posible. Si no hay metas claras, no habrá oración específica y estaremos sin propósito.

La meta es ganarlos para Cristo, no ganarse amigos. Para hacerlo es posible que tenga que entablar amistades pero la meta es llevarlos a Cristo.

En segundo lugar, Pablo dice que para llevar a muchos a Cristo, se requiere adaptabilidad (flexibilidad) (vs. 19-23).

Los temas culturales forman una parte importante de la comunicación del evangelio. No es un tema únicamente para el misionero que está en una cultura extraña al suya, sino también es para nosotros (la única diferencia es que para el misionero la importancia es más evidente). Lo que Pablo nos enseña es: «Las personas oyen, escuchan y entienden el mensaje de Cristo mejor cuando el mensajero se adapta a la cultura del oyente y no viceversa. La discordancia cultural hace que el trabajo sea más difícil».

Conclusión: Dios no exige que una persona deje su cultura para llegar a sus pies. Los llevamos a Cristo en su propia cultura (o subcultura) y luego en la iglesia descubren la hermosura de: «Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28 NTV).

Hace unos años, me invitaron a predicar un mensaje evangelístico en una iglesia en una de las grandes urbes en América Latina. Llegué temprano para orar con el pastor y saludar a toda la gente. Entró un chico mal vestido con el cabello largo quedé horrorizado cuando los diáconos de la iglesia lo echaron porque «nadie puede entrar en la casa de Dios vestido de esa manera con el cabello largo». Por lo tanto, una persona que desesperadamente necesitaba escuchar el evangelio no pudo, a menos que cortara su cabello.

Otra conclusión: Nosotros, los creyentes en Cristo, no debemos confundir las preferencias culturales con los absolutos de la Biblia. El problema es que la tradición (nuestra manera de hacer las cosas) pasa a ser la verdad y, por lo tanto, la manera correcta de hacer las cosas.

Sugiero que el lector medite en la historia de Abram y Sarai en Génesis 16.

Hay una variedad de motivos por los cuales que existe la confusión entre preferencias culturales y los absolutos de la Biblia.

En primer lugar existe confusión con relación a la importancia de la cultura en el evangelismo. Hay que entender cómo una cultura toma decisiones; cuál es el patrón familiar; cómo responden a una ofensa.

Asimismo, existe confusión en relación con la diferencia entre cultura (tradición) y doctrina. Hay cierto temor de salir de nuestra «zona de comodidad». Hasta lo que estoy escribiendo me ponía nervioso (ya no).

Además hay temores al pensar en cambiar de cultura:

·        «No quiero entrar en la otra cultura porque temo caer en pecado». Es cierto, entrar en una subcultura puede ser peligroso. Hace resaltar la vital importancia de la iglesia local, la kononia, la enseñanza bíblica y la sabiduría bíblica; estos elementos son para reabastecernos y avivarnos para volver al mundo de los inconversos.

·        «Nosotros los cristianos debemos ser diferentes del mundo». Es muy cierto pero hemos de ser diferentes en las maneras donde nos corresponde ser diferentes (actitudes, moralidad, honestidad, amor, integridad, etc.) pero no diferentes cuando no sea necesario.

«Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos» (Juan 13:34-35 NTV).

·        «No quiero hacer caer a otros cristianos». Entra aquí un estudio de Romanos 14 sobre la conciencia humana. Pero el tema es acomodarse (adaptarse) culturalmente y no moralmente. Muchas veces la gente que queda ofendida cuando nos adaptamos a una subcultura no son los tiernos que tal vez caigan, sino los legalistas que juzgan.

·        «Deseo proteger a mis hijos». Este argumento es válido pero al mismo tiempo como padres hemos de entrenar a nuestros hijos a que tengan una carga por los inconversos.

·        «Si desean conocer a Dios, vendrán a nosotros». Es cierto en algunos casos nos vienen, pero hoy por hoy en la gran mayoría de los casos, tenemos que ir a ellos.

Ahora bien, en este pasaje Pablo menciona a tres categorías de personas.

La primera categoría son los judíos.

«A pesar de que soy un hombre libre y sin amo, me he hecho esclavo de todos para llevar a muchos a Cristo. Cuando estaba con los judíos, vivía como un judío para llevar a los judíos a Cristo» (1 Corintios 9:19-20 NTV).

Pablo entendió bien la libertad que tenía en Cristo (Gálatas 5:1). Sin embargo, estaba dispuesto a sujetarse a las viejas restricciones de su pasado judío para poder predicarles a los judíos la Buena Noticia de Cristo. Estaba dispuesto a vivir como un judío con todas las restricciones alimenticias y todo lo que eso implica para que ellos prestaran atención al mensaje del evangelio.

Se puede leer Hechos 16:2-3: «Los creyentes de Listra e Iconio tenían un buen concepto de Timoteo, de modo que Pablo quiso que él los acompañara en el viaje. Por respeto a los judíos de la región, dispuso que Timoteo se circuncidara antes de salir, ya que todos sabían que su padre era griego» (NTV).

Hechos 18:18: «Después Pablo se quedó en Corinto un tiempo más, luego se despidió de los hermanos y fue a Cencrea, que quedaba cerca. Allí se rapó la cabeza según la costumbre judía en señal de haber cumplido un voto. Después se embarcó hacia Siria y llevó a Priscila y a Aquila con él» (NTV).

¡Ojo! Lo que Pablo hizo no es el evangelismo sino pre-evangelismo, es bajar barreras, es buscar algo que tengan en común, siempre manteniendo la meta de llevarlos a Cristo y nunca violar un principio bíblico. Para mantener este equilibrio requiere sabiduría, discernimiento, oración, investigación y conocimiento. Para mí, me siento más cómodo en mi propio círculo pequeño de amigos.

La segunda categoría son los gentiles, o los que están sin la ley.

«Cuando estoy con los gentiles, quienes no siguen la ley judía, yo también vivo independiente de esa ley para poder llevarlos a Cristo; pero no ignoro la ley de Dios, obedezco la ley de Cristo» (1 Corintios 9:21 NTV).

Conviene leer Romanos 13:8-10: «No deban nada a nadie, excepto el deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las exigencias de la ley de Dios. Pues los mandamientos dicen: “No cometas adulterio. No cometes asesinato. No robes. No codicies”. Estos y otros mandamientos semejantes se resumen en uno solo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios» (NTV).

A pesar del hecho que desea ganar a los que están sin ley, Pablo siempre se mantenía bajo la ley del amor. Aparte de cuestiones morales, Pablo procuró identificarse lo más posible con las costumbres gentiles: comida, actividades, vestimenta.

Llama la atención Hechos 11:19-23: «Mientras tanto, los creyentes que fueron dispersados durante la persecución que hubo después de la muerte de Esteban, viajaron tan lejos como Fenicia, Chipre y Antioquía de Siria. Predicaban la palabra de Dios, pero solo a judíos. Sin embargo, algunos de los creyentes que fueron a Antioquía desde Chipre y Cirene les comenzaron a predicar a los gentiles acerca del Señor Jesús. El poder del Señor estaba con ellos, y un gran número de estos gentiles creyó y se convirtió al Señor. Cuando la iglesia de Jerusalén se enteró de lo que había pasado, enviaron a Bernabé a Antioquía. Cuando él llegó y vio las pruebas de la bendición de Dios, se llenó de alegría y alentó a los creyentes a que permanecieran fieles al Señor» (NTV).

Si los judíos hubieran podido decidir, la Iglesia se habría formado de puros judíos, nada de gentiles.

El gran misionero a la China, Hudson Taylor (1832-1905) tomó una decisión que sacudió y afectó a toda la comunidad misionera. Debido a su decisión, Taylor recibió tanto elogios como crítica y burla. Decidió vestirse como los chinos y dejar crecer una coleta; su decisión se basó en el rol del misionero de adaptarse a la cultura en la cual ministraba. Mientras otros lo criticaban, Taylor adaptó a la cultura china y llevó a muchos chinos a Cristo.

La tercera categoría son los débiles.

«Cuando estoy con los que son débiles, me hago débil con ellos, porque deseo llevar a los débiles a Cristo» (1 Corintios 9:22 NTV).       

Por débiles me parece que se refiere a inconversos que tienen escrúpulos que a veces no tenemos los cristianos. Se refiere a una falta de conocimiento o un mal conocimiento de ciertos temas.

Bien puede ser una alusión a personas religiosas:

Hindúes: tal vez con ellos sería mejor dejar de comer carne.

Judíos: no comer carne de cerdo y queso con la carne.

Islam: en una comunidad islámica, quizá deje crecer la barba o altere su modo de adorar a Dios.

Budistas: dar honra a los antepasados sin rendirles culto.

Católicos: no comer carne durante la Cuaresma. Dar honra a la bendita virgen María sin darle un lugar que la Biblia no se la da.

Testigos de Jehová: Que no los invite a su celebración de Navidad o simplemente dejar de celebrar la Navidad.

Mormones: dejar de tomar coca cola y el café.

Otras conclusiones: Pablo limitaría su libertad; Pablo no ofendería; Pablo se identificaría con los inconversos; Pablo nunca cambiaría la verdad de la Buena Noticia. Pablo indica que si alguien se ofende que la causa sea la cruz:

«Amados hermanos, si yo todavía predicara que ustedes deben circuncidarse —como algunos dicen que hago—, ¿por qué, entonces, aún se me persigue? Si ya no predicara que la salvación es por medio de la cruz de Cristo, nadie se ofendería» (Gálatas 5:11 NTV).

Si una persona se ofende debido a nuestras tradiciones o costumbres, es nuestro problema debido a nuestra inflexibilidad. Si se ofende debido al evangelio (la cruz), es el problema de la persona.

Pablo termina esta sección con un pequeño resumen: «Hago lo que sea para difundir la Buena Noticia y participar de sus bendiciones» (1 Corintios 9:23 NTV).

En tercer lugar, para llevar a muchos a Cristo también requiere disciplina.

«¿No se dan cuenta de que en una carrera todos corren, pero solo una persona se lleva el premio? ¡Así que corran para ganar! Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno. Por eso yo corro cada paso con propósito. No solo doy golpes al aire. Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado» (1 Corintios 9:24-27 NTV).

Hay una tendencia de leer estos versículos fuera de su contexto. Para hacer lo que Pablo sugiere en este capítulo se necesita disciplina. Lo que Pablo predica en este capítulo (adaptación cultural) lo practica al terminar 1 Corintios 9. Emplea la metáfora de los juegos. Los lectores entendían perfectamente bien cuando usó los diferentes deportes para ilustrar su punto. Se adoptó al mundo de ellos.

La gran diferencia es que en la vida cristiana todos los que compiten bien reciben el premio. El momento que establezcamos el evangelismo como meta, entramos en la competencia. Pero no compitamos los unos contra los otros sino compitamos contra las cosas que impidan la predicación de la Buena Noticia y que se lleve el evangelio a los inconversos.

Cada cristiano tiene que correr como dice Pablo: «Así que ¡corran para ganar!» (1 Corintios 9:24 NTV). El premio no es una corona hecha de paja sino:

«Y ahora me espera el premio, la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me dará el día de su regreso; y el premio no es solo para mí, sino para todos los que esperan con anhelo su venida» (2 Timoteo 4:8 NTV).

En el mundo de los deportes los atletas restringen su dieta y su libertad para dedicarse a su deporte. Está basado en el deseo de llegar a la meta y ganar. La metáfora sirve de reprensión para los cristianos que no hacen nada para prepararse para ganar a los inconversos y la triste consecuencia es que pocas veces llevan a una persona a Cristo.

Nos entrenamos con oración, con compañerismo, con objetivos claros, con flexibilidad y con restringir nuestra libertad.

Pablo termina hablando acerca de los descalificados. Hay dos maneras de quedar descalificado. El primer es sencillamente no prepararse. Cuando llega al día de la competencia, queda descalificado por la falta de preparación; no lo consideran apto para participar.

La otra manera sería infringir las reglas.

El lema de nuestro equipo ha sido: «Alcanzando al mundo por medio de evangelismo innovador». Como el misionero Hudson Taylor, nos saca de nuestra zona de comodidad. Igual que Taylor, nos elogian y nos critican. Sabemos que es peligroso y requiere mucha sabiduría y entendimiento. Por eso, solicitamos sus oraciones.

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Dr. Jim Williams has ministered since 1968 with the Luis Palau Association, headquartered in Portland, Oregon. Fully bilingual (Spanish and English) Dr. Williams spent the first 10 years living in Mexico and is now vice-president in charge of the discipleship and counseling ministries. Dr. Williams is a graduate of Biola University and Talbot Seminary with studies in cross-cultural communication at Trinity Evangelical Divinity School and earned his doctorate from Westminster Theological Seminary in Philadelphia. He is a sought after author for magazine articles on subjects relating to Biblical counseling and is the author of four books (all in Spanish): For 15 years, Dr. Williams (known in Latin American as Dr. Jaime Mirón – see below) was on loan to Tyndale House Publishers to lead a team to produce a new translation of the Bible into Spanish. The Nueva Traducción Viviente was released in 2010 and is similar to the New Living Translation Bible in English. Immediately he and his team went to work on notes for a study Bible that was released in 2015. For six years he served as editor of a magazine for pastors, Apuntes Pastorales. And he also acted as the general editor of the first ever Bible Commentary series, originally written in the Spanish language by Latin authors. He has been married to his wife Gail for 52 years and they have one son, Joel who is married, and is a licensed physical therapist practicing in Tualatin, Oregon. He and his wife have four grandsons, Joshua, Luke, Nathan and Benjamin. --- Jaime Mirón, maestro de la Biblia, conferencista, escritor y consejero bíblico, ha ministrado con el evangelista Luis Palau por más de 50 años. El Dr. Mirón se graduó de la Universidad de Biola y del Seminario Teológico Talbot y completó estudios en comunicaciones multiculturales en Trinity Evangelical Divinity School ubicado en Illinois. En 1986, Mirón recibió su doctorado del Seminario Teológico Westminster en Pennsylvania. Fue editor general de la traducción de la Biblia que se llama la NTV (Nueva Traducción Viviente). Es un proyecto que se elaboró en conjunto con la Editorial Tyndale en Chicago. Salió al público en mayo del 2010. Durante 6 años fue editor de la revista Apuntes Pastorales. También como editor general del Comentario bíblico del continente nuevo, recopiló una serie de comentarios escritos en español por autores latinos. Es solicitado como autor de artículos sobre temas relacionados con la consejería bíblica, el Dr. Mirón es autor de 4 libros: Mi esposo no es cristiano. ¿Qué hago? (Editorial Unilit); La amargura, el pecado más contagioso (Editorial Tyndale); ¿Está su iglesia convirtiéndose en una secta? (Editorial Tyndale); y ¿Estoy preparado para la guerra espiritual? (Editorial Unilit). Casado por 53 años con su esposa Abigail; tienen un hijo y 4 nietos.