Español

Luis Palau

Los beneficios de la unidad

Eclesiastés 4:9-12 bien dice: «Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. […] Alguien que está solo, puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente» (NTV).

El evangelismo masivo —practicado en el poder del Espíritu Santo y basado en la Palabra de Dios— ayuda a los creyentes a presentar al mundo un frente unido. El escándalo de divisiones dentro del cristianismo requiere que se realicen festivales masivos unidos. Digamos al mundo que nos amamos y tenemos las mismas verdades fundamentales. Cuando se rompen barreras y se dejan atrás animosidades, los creyentes experimentan como nunca antes «el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo» (Romanos 5:5 RV60).

Olvidando las diferencias (Juan 17:21)

Cuando Dios obra a través del evangelismo masivo unido, hay sanidad espiritual en el Cuerpo de Cristo. Los creyentes descubren la realidad de las palabras de Jesús: «Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17:21 NTV).

El deseo más íntimo de nuestro Señor Jesucristo es que todos los suyos nos amemos, vivamos en unidad y no permitamos que nada nos divida ni nos separe. Dios hizo todo lo que tenía que hacer y el resultado es que somos un solo cuerpo en Cristo pues estamos unidos por la fe. Somos uno en Jesucristo; somos más que hermanos; carne de su carne y hueso de sus huesos. Es hora de practicar esta verdad frente a un mundo muy dividido.

Siendo Hijo de Dios, en su omnisciencia veía los siglos y las generaciones, y veía divisiones entre los cristianos. Por eso su clamor fue que seamos uno, tal como el Padre y el Hijo.

Eso no significa que debemos actuar como si las diferencias no existieran. La gente pensante e inteligente tiene diferencias de opinión. No estamos de acuerdo absolutamente en todo, pero somos uno en Cristo, de manera que podemos orar juntos, ministrar juntos y, sobre todo, proclamar su nombre juntos frente al mundo. Debe haber unidad, no uniformidad.

Cristo sigue: «[…] para que el mundo crea que tú me enviaste». La unidad tendrá un efecto profundo en el mundo que nos ve, nos critica y, a veces, nos aborrece. Esta unidad los convencerá de que Jesucristo proviene del Padre y vino para salvarnos.

Unidad demostrada (Juan 17:22)

Cristo explica en Juan 17:22: «Les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno» (NTV). El Señor Jesús anhela que su pueblo no solo hable de la unidad sino que la demuestre. En teoría somos uno, pero el deseo de nuestro Salvador es que lo demostremos en la práctica. ¡Qué mejor manera de demostrar la unidad que un Festival evangelístico!

Además, este versículo es una fuerte advertencia a los que promueven divisiones en el pueblo de Dios. ¡Qué dolor para quien causa división y deba enfrentarse cara a cara con el Maestro!

Unidad que testifica (Juan 17:23)

Ahora una nota muy positiva: «Yo estoy en ellos, y tú estás en mí. Que gocen de una unidad tan perfecta que el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas tanto como me amas a mí» (Juan 17:23 NTV). El secreto de esa unidad práctica y real entre el pueblo de Dios es la frase: «Yo estoy en ellos».  El evangelio para los evangelios es que el Señor Jesús mora en el corazón de cada uno de sus hijos (Gálatas 2:20). Cuando un cristiano reconoce que Cristo vive en su corazón, comienza a buscar la unidad de los verdaderos cristianos. Cuando el pueblo de Dios se ama y se respeta no es porque estemos en un todo de acuerdo entre nosotros, sino porque Cristo mora en nuestro ser. La unidad entre los verdaderos creyentes hará que el mundo preste atención a las palabras de Jesús.

La presencia de Dios y la bendición de los esfuerzos unidos de evangelismo pocas veces se experimentan en otras circunstancias.  La promesa de Dios del Salmo 133 de pronto cobra vida: «Cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía […]  allí envía Jehová bendición y vida eterna» (RV60).

Los festivales masivos unidos dicen al mundo que tenemos una fe en común que nos une en el amor de Jesucristo y en amor entre nosotros. «El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos» (Juan 13:35 NTV).

Es hora de olvidar las diferencias; entender la unidad que Dios nos ha concedido; demostrarla en la práctica; y ganar este mundo para nuestro Salvador.

Luis Palau