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Jaime Mirón

Orando por los inconversos

Durante una revolución en un país en Latinoamérica conocí a una viuda que resultó ser una verdadera guerrera de oración. Cada lunes se levantaba a las cuatro de la mañana para orar de rodillas durante varias horas por todos sus conocidos que necesitaban al Señor.

Mientras oraba, esta viuda siempre hacía énfasis en un nombre, Carlos, su hijo. Antes de que los revolucionarios finalmente derribaran al gobierno, Carlos estaba activo ayudando a fomentar la revolución. Varias veces la guardia nacional estuvo a punto de tirarlo a la cárcel o algo peor.

En una oportunidad los militares arrinconaron a Carlos y sus camaradas en los cerros. Varios fueron matados, pero cuando un soldado de la guardia apuntó con su arma a Carlos, sorprendentemente su rifle se trabó. Más tarde dijo: «En ese momento supe que el Señor me estaba buscando». En ese tiempo Carlos no quería a Dios en su vida. El planeaba lograr un «hombre nuevo» por medio del Marxismo.

Más tarde mientras me conducía en su auto por la ciudad capital, Carlos me hablaba de cómo el Señor lo había salvado y llamado a ser pastor. Detrás de esa historia había una mujer de rodillas orando fervorosamente por su hijo perdido.

En nuestras iglesias hablamos siempre acerca de «orar por los perdidos»; pero ¿qué dice la Biblia acerca de cómo orar por nuestros vecinos, amigos y seres queridos que aún no conocen al Señor Jesucristo como hizo esta madre?

1) Pienso que se debe comenzar por conocer el corazón de Dios, lo más íntimo de su ser, que añora comunión con los seres humanos. Jesús dijo: «Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos» (Lucas 19:10 NTV). Él envió a Pablo en misión a los gentiles «para que les abras los ojos, a fin de que pasen de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás a Dios. Entonces recibirán el perdón de sus pecados y se les dará un lugar entre el pueblo de Dios, el cual es apartado por la fe en mí» (Hechos 26:18 NTV). El Soberano Señor le dijo a Ezequiel: «… no me complace la muerte de los perversos. Solo quiero que se aparten de su conducta perversa para que vivan» (Ezequiel 33:11 NTV). Dios «quien quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad» (1 Timoteo 2:4 NTV).

No conozco mejor manera para obtener pasión por los perdidos que pasar tiempo en la presencia de Dios, escuchando su corazón. El apóstol Pablo deseaba fervientemente «conocer a Cristo» (Filipenses 3:10). Su misma e intensa pasión de «llevar a muchos a Cristo» (1 Corintios 9:19 NTV) es evidencia de que conocía el corazón de Dios.

2) También soy motivado a orar por los perdidos cuando considero su destino. Esos amables vecinos que viven en la misma manzana cuyos hijos juegan con los suyos, se irán al infierno si no reciben la Buena Noticia acerca de Jesucristo.

La descripción que nos da la Biblia acerca del infierno es espantosa.

        a) El infierno es un lugar de dolor físico. Hablando acerca del hombre rico que estaba en el infierno, Jesús dice que estaba «en medio del tormento» (Lucas 16:23 NTV).

        b) Habrá llanto en el infierno (Lucas 13:28).

        c) En el infierno también habrá rechinar de dientes (Lucas 13:28). A mi entender esto se refiere a enojo y frustración. En su furia, los asesinos de Esteban «crujían los dientes contra él» (Hechos 7:54 RV60).

        d) El infierno es un lugar de oscuridad (Mateo 8:12). Esto es lo que más toca mi corazón, porque describe la ausencia de Dios. «Dios es luz, y en él no hay nada de oscuridad» (1 Juan 1:5).

        e) Finalmente, el infierno es para siempre (Mateo 25:46).

Estas dos verdades, el sincero amor de Dios por la humanidad y el eterno y terrible destino de los que no conocen a Cristo, me mueven a arrodillarme; pero luego me pregunto cómo debo orar. La oración «Señor, haz que Carlos se vuelva a ti» ¿es un modelo bíblico?

Llegué a la conclusión de que, sí, es parte del modelo bíblico. «En primer lugar, te ruego que ores por todos los seres humanos. Pídele a Dios que los ayude; intercede en su favor, y da gracias por ellos. Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad. Esto es bueno y le agrada a Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad» (1 Timoteo 2:1-4 NTV). Por supuesto, debemos orar por los que no son de Cristo.

Ore por ellos con compasión. Pablo explica en Romanos 10:1, «Amados hermanos, el profundo deseo de mi corazón y mi oración a Dios es que los israelitas lleguen a ser salvos» (NTV). Cuando Cristo se acercó a Jerusalén, lloró por la ciudad (Lucas 19:41).

Durante una conferencia misionera en la que participé, se le pidió a un pastor de Liberia que guiara la oración, pero lo único que pudo atinar a decir fueron las palabras «Oh Señor», y luego comenzó a llorar por su país y los liberianos que no conocen al Señor. Por varios minutos sollozó sin pronunciar una sola palabra, y luego regresó a su asiento. Ese hombre oró con compasión.

Orar persistentemente. Mateo 7:7 dice, «Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá» (NTV ver Lucas 18:1-8).   

Orar específicamente. La Asociación Evangelística Luis Palau utiliza una tarjeta de oración que denominamos Operación Andrés. Les pedimos a los creyentes en Cristo que anoten a lo menos cinco nombres de sus conocidos, amigos o familiares en la tarjeta y prometan ante Dios orar por esas personas.

Estuve presente en una iglesia cuando una jovencita pidió la palabra. Explicó que había completado su tarjeta y comenzó a orar por cinco amigas. Sin embargo, ninguno aceptó su invitación de asistir al Festival. «Estaba tan desanimada que decidí no ir yo misma. Pero finalmente fui sola y, desanimada, me senté atrás. Miré hacia mi izquierda y vi a dos de mis amigas. Luego, antes de que terminara la reunión, habían venido las otras tres, y esta noche deseo presentar a dos de ellas que han recibido al Señor como Salvador».

Orar por el mensajero. Orar por los que no son salvos es enteramente bíblico y cristiano, pero lo curioso es que no es el enfoque de oraciones evangelísticas del Nuevo Testamento. Al leer los evangelios y las epístolas veo que tanto Jesús como Pablo enfatizan oraciones a favor del mensajero, mientras que yo siempre oraba solamente por la persona que necesitaba oír el mensaje.

        1) Jesús mismo pide que oremos por los mensajeros: «La cosecha es grande, pero los obreros son pocos. Así que oren al Señor que está a cargo de la cosecha; pídanle que envíe más obreros a sus campos» (Mateo 9:37-38 NTV). Cuando usted pide que el Señor mande obreros, ¿por quién está orando? En primer lugar, está orando por usted mismo y luego por su familia y por los a quienes conoce bien en su iglesia y por el pueblo de Dios que vive cerca de los inconveros que desean venir a Cristo.

Mi suegra era una mujer de Dios que pasaba horas en oración. Durante años le pidió al Señor de la cosecha que enviara obreros. El Señor le contestó enviando a su propia familia. Uno de sus hijos ministraba con el Instituto Lingüístico del Verano, una hija misionera pasó 25 años en la India (los dos ya con el Señor), un nieto producía películas cristianas y otro es misionero a las indígenas.

Mi esposa, Abigaíl, y yo no nos enteramos hasta muy poco tiempo antes de que mi suegra falleciera que ella tenía una inquietud especial en oración por México. ¿Es de sorprenderse que pasamos nuestra primera década de ministerio con el equipo de Luis Palau en México?

En segundo lugar, ore específicamente que el Señor mande una persona para comunicar el evangelio a ese amigo o miembro de su familia que no es salvo, por quien está orando. Quizá nunca ha logrado «comunicarse» con esa persona o quizá viva a miles de kilómetros de ella. Ore para que Dios envíe a alguien a su vida, alguien que respete, que comparta los mismos intereses, que pueda comunicar el evangelio de una manera entendible. Mi esposa y yo habíamos estado orando durante años por un primo mío. Comenzamos a orar que Dios enviara a alguien para compartir las Buenas Noticas con él. Un día recibimos la mala noticia que él murió. Bastante desanimado asistí al funeral. Sin embargo, para mi gran sorpresa, durante el culto pidió hablar un hombre que no conocía. Explicó a todos presentes —a mi entender, la gran mayoría inconversos— sin tapujos que había guiado a mi primo a Cristo. Después del servicio, hablé con él y con gran alegría le dije que había estado orando por él casi 40 años.

        2) Cuando estaba en la cárcel el apóstol Pablo nos dijo cómo orar por los mensajeros. Me he preguntado, «Si yo estuviera en la cárcel y tuviera la oportunidad de comunicarme con amigos cristianos, ¿por cuáles asuntos les pediría que oraran?». Quizá por gracia para poder sobrellevar la prisión, o por mi familia. Lo más probable sería que ore: «Señor, sácame de aquí».

Con Pablo no fue así. El pidió oportunidades para testificar: « Oren también por nosotros, para que Dios nos dé muchas oportunidades para hablar de su misterioso plan acerca de Cristo. Por eso estoy aquí en cadenas» (Colosenses 4:3 NTV).

Cuando estuve en el país que mencioné que sufrió la revolución me llamó mucho la atención el hecho de que a pesar de la extrema escasez de necesidades básicas, los creyentes no me pedían que orara por más arroz y frijoles; me pidieron que orara para que se les presentara la oportunidad de testificarle al presidente. Unos meses después de mi visita, eso sucedió.

3) Pablo también pidió valentía. «Y oren también por mí. Pídanle a Dios que me dé las palabras adecuadas para poder explicar con valor su misterioso plan: que la Buena Noticia es para judíos y gentiles por igual. Ahora estoy encadenado, pero sigo predicando este mensaje como embajador de Dios. Así que pidan en oración que yo siga hablando de él con valentía, como debo hacerlo» (Efesios 6:19-20). Algunas veces nos sobreviene una buena dosis de «cobardía» después de haber orado y recibido la oportunidad de testificar.

Durante un seminario en nuestra iglesia sobre evangelismo amistoso le pedimos a los participantes en un cuestionario, cuáles eran sus impedimentos más comunes para ser un testigo fiel. Vez tras vez leímos la misma respuesta: El temor; temor a ofender, temor al rechazo.

La Biblia afirma: «… el amor perfecto expulsa todo temor» (1 Juan 4:18). Si el amor de Dios por la humanidad nos controla (2 Corintios 5:14), vamos a poder proclamar el evangelio con valentía.

4) Pablo también pidió por el mensaje: «Y oren también por mí. Pídanle a Dios que me dé las palabras adecuadas» (Efesios 6:19). El mensaje es «su misterioso plan acerca de Cristo» (Colosenses 4:3). Debido a que hablamos sobre Jesucristo, no sobre nosotros, Él nos dará las palabras.

Durante una campaña con Luis Palau un señor vino pidiendo ayuda. Resultó ser un hombre odiado por el pueblo. Se le había dado la autoridad de reformar las áreas que no producían ganancia en las compañías estatales por lo tanto era responsable de que cientos de personas perdieran sus empleos.

Conversamos sobre el evangelio, y varias veces le pregunté si deseaba recibir a Cristo. Él decía que no, no quería.

—¿Qué es lo que le impide hacerlo? —le pregunté.

—No lo sé  —respondió.

Por lo tanto le pedí al Señor que me guiara y Biblia en mano contesté una serie de preguntas que supuse un hombre de su posición se haría. Al día siguiente, su esposa vino a verme con lágrimas en el rostro.

—¿Sabe qué pasó anoche? —dijo—. Mi esposo cayó de rodillas y recibió a Jesucristo como su Salvador, y yo deseo agradecerle a usted por contestar a todas sus preguntas.

—Él no me hizo ninguna pregunta —le contesté.

Pero ella dijo que yo había contestado todas las preguntas que él hacía en su hogar. El Señor me dio las palabras.

        5) Pablo también pidió claridad, «para que pueda proclamar ese mensaje con la claridad que debo hacerlo» (Colosenses 4:4). Ore por claridad.

Hace algunos años yo me encontraba en la plaza central de una ciudad y escuché a un hombre predicar el evangelio. Era una buena predicación, pero no era clara; el evangelio estaba presentado de tal manera que no se podría comprender a menos que se tuvieran tres años de seminario. Ore que al entregar el mensaje que hable con claridad.

        6) Finalmente, creo que este tipo de oración evangelística —por los que no son salvos y por el mensajero— es efectiva para derribar fortalezas. La Biblia dice, «Somos humanos, pero no luchamos como lo hacen los humanos. Usamos las armas poderosas de Dios, no las del mundo, para derribar las fortalezas del razonamiento humano y para destruir argumentos falsos. Destruimos todo obstáculo de arrogancia que impide que la gente conozca a Dios. Capturamos los pensamientos rebeldes y enseñamos a las personas a obedecer a Cristo» (2 Corintios 10:3-5).

La fortaleza puede ser apatía o racionalismo, materialismo o religión falsa, “espíritus engañadores y doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1 RV60). Sea lo que fuere, la oración evangelística según el modelo de las Escrituras, derriba fortalezas y abre los corazones al Salvador Jesucristo.

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Dr. Jim Williams has ministered since 1968 with the Luis Palau Association, headquartered in Portland, Oregon. Fully bilingual (Spanish and English) Dr. Williams spent the first 10 years living in Mexico and is now vice-president in charge of the discipleship and counseling ministries. Dr. Williams is a graduate of Biola University and Talbot Seminary with studies in cross-cultural communication at Trinity Evangelical Divinity School and earned his doctorate from Westminster Theological Seminary in Philadelphia. He is a sought after author for magazine articles on subjects relating to Biblical counseling and is the author of four books (all in Spanish): For 15 years, Dr. Williams (known in Latin American as Dr. Jaime Mirón – see below) was on loan to Tyndale House Publishers to lead a team to produce a new translation of the Bible into Spanish. The Nueva Traducción Viviente was released in 2010 and is similar to the New Living Translation Bible in English. Immediately he and his team went to work on notes for a study Bible that was released in 2015. For six years he served as editor of a magazine for pastors, Apuntes Pastorales. And he also acted as the general editor of the first ever Bible Commentary series, originally written in the Spanish language by Latin authors. He has been married to his wife Gail for 52 years and they have one son, Joel who is married, and is a licensed physical therapist practicing in Tualatin, Oregon. He and his wife have four grandsons, Joshua, Luke, Nathan and Benjamin. --- Jaime Mirón, maestro de la Biblia, conferencista, escritor y consejero bíblico, ha ministrado con el evangelista Luis Palau por más de 50 años. El Dr. Mirón se graduó de la Universidad de Biola y del Seminario Teológico Talbot y completó estudios en comunicaciones multiculturales en Trinity Evangelical Divinity School ubicado en Illinois. En 1986, Mirón recibió su doctorado del Seminario Teológico Westminster en Pennsylvania. Fue editor general de la traducción de la Biblia que se llama la NTV (Nueva Traducción Viviente). Es un proyecto que se elaboró en conjunto con la Editorial Tyndale en Chicago. Salió al público en mayo del 2010. Durante 6 años fue editor de la revista Apuntes Pastorales. También como editor general del Comentario bíblico del continente nuevo, recopiló una serie de comentarios escritos en español por autores latinos. Es solicitado como autor de artículos sobre temas relacionados con la consejería bíblica, el Dr. Mirón es autor de 4 libros: Mi esposo no es cristiano. ¿Qué hago? (Editorial Unilit); La amargura, el pecado más contagioso (Editorial Tyndale); ¿Está su iglesia convirtiéndose en una secta? (Editorial Tyndale); y ¿Estoy preparado para la guerra espiritual? (Editorial Unilit). Casado por 53 años con su esposa Abigail; tienen un hijo y 4 nietos.